Al final he tenido que abrir esta página para recoger los nuevos-viejos debates en torno al papel y lugar que pueden-deben ocupar los manuales o libros de texto en la nueva Web abierta, sin fronteras, creativa y participativa. Si, con las estrechas miras del viejo negocio, los editores quieren seguir poniéndole puertas al campo, allá ellos y su futuro. Soy de los que piensan que pueden-deben tener un espacio importante en el apoyo al trabajo de los docentes, necesitados de buenos materiales para trabajar con sus alumnos. Lo comento más abajo a propósito del artículo de Enrique Dans.

Este vídeo lo preparé con mis alumnos ante sus dificultades para enfrentarse en su trabajo a una multiplicidad de fuentes de información, en procesar y ordenar sus contenidos para transformarlos en conocimiento, y compartirlos en distintos soportes. Acostumbrados a la prisión del manual, a muchos les descolocaba y angustiaba el salto. Como se recoge en una de las imágenes del vídeo, llegaban a 1º de ESO con las alas cortadas, muy imposibilitados para el vuelo libre y el apasionante trabajo de exploración de un mucho colmado de información.
A algunos colegas les disgustó la utilización de gestos y expresiones de tipo religioso. No era el propósito molestar a los creyentes, sino diferenciar el aprendizaje ilustrado, racional y científico, de otros aprendizajes basados en el dogma y en la fe de principios incuestionables.










6 marzo 1014
Interesante y completo informe en EduteKa
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13 noviembre 2014)

¿NO TIENEN QUE DESAPARECER LOS LIBROS DE TEXTO O MANUALES TAL Y COMO HOY SE CONCIBEN Y UTILIZAN?

Este artículo de Enrique Dans se centra en el punto nodal del debate sobre los libros de texto en la era digital. Libros de texto concebidos como fuente única de conocimiento, que es la forma más generalizada de utilizarlos. Pero elude la zona de grises de las posiciones intermedias, que son más asumibles por la escuela y el profesorado, y que aprovechan algunos de los valores de los libros de texto cuando están bien concebidos y son bien utilizados por los profesores. Unos materiales concebidos, no como cápsulas de un conocimiento dogmatizado y parcelizado, procesado, empaquetado, sino como punto de partida, como guías de exploración que proporcionen información básica para buscar, organizar y procesar la información de la Web.

Dans se refiere en exclusiva a esa triste experiencia actual de buena parte de las editoriales tradicionales, que lo único que hacer es eso que denuncia: digitalizar los contenidos de sus manuales para que pesen menos y sean más manejables, añadiéndoles multimedia de baja calidad que nos recuerdan la idea de prisión cuando conocemos otros similares expuestos a la libre disposición en la Web.
y ejercitación pautada.

Soy de los que piensan que puede haber vida para las editoriales que apuesten por la apertura, por la flexibilidad en el acceso, manejo y transformación de la información que proporcionan; que incluyan multimedia de elevado valor, tanto en contenidos adaptados al nivel, como en elaboración técnica, y que los profesores puedan tunear a su gusto. Y, sobre todo, que ofrezcan a los profesores grandes bancos de ejercicios interactivos online autocorregibles, que les permita controlar los tiempos de acceso y ejecución de los estudiantes, y les proporcionen la información de todo el proceso y los resultados del mismo. Podrían contribuir a eliminar definitivamente esos tediosos exámenes a cuya corrección nos hemos visto obligados siempre los profesores, que espaciamos todo lo que podemos para evitar sentirnos como masoquistas rutinarios.

Pero entonces ya no estaríamos hablando de libros de texto o manuales, sino de otra cosa bastante distinta. Se habría producido una auténtica disrupción educativa. El que hubiera o no portales web de pago a cambio de servicios de alta calidad, ya no sería el tema fundamental.

Esos servicios de guías, contenidos y actividades, ya no se llamarían libros de texto. Y entonces le tendríamos que dar a Enrique Dans toda la razón de lo que con tanta pasión (que comparto) expone en su artículo.


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Este es un resumen amplio, con las frases que me interesa conservar
Merece mucho leer los abundantes comentarios a la entrada.

El libro de texto es un error. Un vestigio de una forma de aprender que funcionaba cuando el conocimiento era un bien escaso, que era preciso encapsular en algo físico para poder acceder a él. El libro representaba “lo que había que saber” de un tema, el camino por el que el profesor debía guiarte, o en muchos casos, los textos que tenías que memorizar para luego poder copiarlas en un examen, en el que te evaluaban por tu capacidad de retener datos en la memoria.

Bajo excusas tan impresentables como la obligatoriedad, o el que “los profesores no están preparados”, estamos viviendo una prolongación de la vida útil de una herramienta que ya no solo perpetúa una forma de aprender inadecuada al tiempo que vivimos, sino que se convierte directamente en perjudicial, dañino, maléfico. (...) El libro de texto se ha convertido en la negación de la enseñanza, en el símbolo de que no estamos preparando a nuestros hijos para el mundo en el que van a vivir. “Apréndete de memoria lo que está en estas páginas para poder pasar de curso”. Por favor…

Aprender hoy consiste, precisamente, en entender que el conocimiento no está encerrado en ningún libro. Aprender es aprender a buscar. Supone manejarse entre cantidades ilimitadas y crecientes de información, y ser capaz de identificarla, cualificarla, verificarla, descartarla cuando es mala, compartirla cuando es buena… supone aprender a consultar múltiples fuentes, y guiarse por sistemas en los que el profesor se convierte en un criterio más, en un nodo más de conocimiento. (...)

La enseñanza, cada día más, tiene que dejar de consistir en dar peces, y convertirse en enseñar a pescar.

No, la digitalización del libro no soluciona absolutamente nada. Es aplicar la tecnología a repetir los mismos errores que se cometían antes de que existiese.

Enseñar en los tiempos que vivimos supone que un profesor gestione los tiempos y el paso por un temario determinado, y acompañe a los alumnos en su camino de búsqueda de información. Que los rete a encontrar información adecuada. Que la contraste, que la cuestione, que haga que desarrollen su sentido común y su capacidad de crítica, no su capacidad memorística. Que les desafíe a plasmar el conocimiento con sus propias herramientas, a compartirlo, y a aceptar las críticas o elogios que reciban. Que les enseñe a cuestionarse lo que encuentran, del mismo modo que deben cuestionarse lo que dice la prensa, lo que dice el gobierno, lo que dicen sus padres… y lo que dice el mismo profesor. Y eso, desde pequeñitos. E independientemente de que hablemos de historia, ciencias o matemáticas.

Entiendo, por supuesto, que el salto al vacío de dejar de tener libros de texto genere un cierto vértigo. Es fácil de entender. (...) El mismo miedo que da a cualquiera dejar de tener apoyos conocidos, y pasar a apoyarse en la red. Pero no, no es un salto sin red. Es, precisamente, un salto a la red. Un salto muy necesario.

El libro de texto debe morir, cuanto antes mejor, sea en papel o en electrónico. Debemos matar el concepto, no su forma.




(procesado el mismo día)

Este es el artículo que referencia E. Dans como origen del suyo. No es gran cosa, sobrevuela el tema con algunas pinceladas centradas en cómo están reaccionando las "ultra conservadoras" editoriales al reto digital, pero sin entrar en el meollo del asunto, el del papel que el libro de texto ha jugado en la educación, como fuente única de conocimiento.

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En la parte inferior recoge un storify con perlas del debate que desencadenó en Twitter, y en el que se implicó E. Dans antes de dicidirse por publicar su artículo.. A mí me ha interesando particularmente estos, que contribuyen a matizar el debate.

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(5 marzo 2012)

Este artículo de Jordi Adella, tan sensato como incisivo en todo lo que aborda, es el responsable de esta nueva página. Iré añadiendo otros materiales y reflexiones a medida que los vaya encontrando.
Entre ellos el de otro maestro como Aníbal de la Torre, que cita J.A.
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